JOQUÍN ABENZA:

Desacreditación y conspiraciones, otra mirada a una realidad esquiva.

XIMENA ABREVAYA: ¿Y si fuera verdad?

Ciencia aplicada a la búsqueda de vida extraterrestre.

EL CAMINO

(a modo de presentación)

RICHARD HOOVER

"Tengo pruebas irrefutables de vida extraterrestre".

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martes, 29 de julio de 2014

José Antonio Caravaca: la Teoría de la Distorsión (repensar lo imposible)





Toda la tarde con fiebre, en cama, pensando en misterios, el programa de radio, una fémina en particular y de paso mirando viejas películas de OVNIs. Los ratos en los que no duermo son confusos, la temperatura elevada tiene esa cualidad de nublar los sentidos, de ponerte en una suerte de trance en el que nunca sabes bien lo que estás haciendo. Así, las películas se llenan de protagonistas parecidas a la chica en cuestión (muy a pesar de lo variable del color del cabello), el programa de radio bien puede ser un show de TV y los misterios de la mente y el alma… siguen esquivos. Entonces repaso todo y me acuerdo de mi amigo José Antonio Caravaca.

Caravaca parece haber dado en algunas claves de las que persigo, se me ocurre, tras algunas tardes como esta y no puedo dejar de pensar en muchos, cientos de casos de encuentros con el misterio. Sucede que, con el tiempo, uno se pregunta: ¿qué es lo que están viendo? En rigor, cada testigo de hechos misteriosos tiene una visión distinta de lo sucedido en otros casos. Nunca vamos a encontrar —por ejemplo— dos humanoides exactamente iguales. Incluso en la cultura OVNI americana, donde tantos “grises” aparecen ante los incautos, las diferencias se hacen notar en esto de si tienen más o menos arrugas, si sus ojos son grandes o pequeños, si aparecen en una habitación o raptan al testigo en una carretera… las versiones de la realidad son siempre distintas y esto es interpretable desde el punto de vista personal. Claro, las construcciones mentales a las que llegamos tras años de experimentar el entorno de tal o cual manera nos condicionan a la hora de interpretar la realidad. Son verdaderos filtros que nos muestran un poco más de aquello, un poco menos de esto. Así, cualquier policía con un poco de experiencia en toma de declaraciones nos dirá que no importa cuántos testigos tenga un accidente de tránsito, las versiones son siempre distintas, aunque más no sea un poco.

Pero José Antonio tiene otra idea, para mí un poco pariente de las que ya barajaban John Keel y Jaques Valée, aunque personal y actualizada. El punto es interesante y lo llama: “Teoría de la Distorsión”.
“Es una idea que llevo planteando algún tiempo y que sobre todo aplico a los encuentros cercanos con los no identificados, que a mi parecer puede representar una de las pistas más fiables que tenemos los investigadores a la hora de establecer que puede esconderse detrás de todo este tipo de manifestaciones”, me dice con la seguridad del que se tira a la piscina porque sabe que tiene agua. “Hay que tener en cuenta que, más allá de los avistamientos lejanos de luces, de objetos desconocidos que no sabemos identificar, los encuentros cercanos con el testigo nos aportan muchísima evidencia, datos de lo que realmente estamos enfrentando”.


Claro que esos datos son esquivos. Están y no están, por definición. No se pueden tomar a la ligera los testimonios de casos que, la mayoría de las veces, suenan demasiado bizarros. Y es que, por más extraños que parezcan, muchos son los testigos que están convencidos de estar narrando un hecho real y no pocas veces se ha demostrado —polígrafo incluido—, que no mienten. Entonces, ¿se trata de un desvarío? ¿De un roce con el borde? ¿De un acceso real a otra realidad o una realidad expandida?


Como dije, Caravaca se ha hecho estas preguntas muchas veces, por eso considera que: “…el profundo análisis, el intenso estudio de todo este tipo de incidentes, puede traer luz sobre un enigma que llevamos ya más de medio siglo investigando. Hemos recopilado todo tipo de información referida a la aparición de estas extrañas naves y sus —no menos enigmáticos— tripulantes. Claro que al día de hoy seguimos sin poder acercarnos a la verdadera naturaleza del fenómeno”.

Datos, otra vez los datos. Pilas de hojas primero y terabytes de archivos de texto más tarde. Miles de casos investigados, analizados, comentados, desbancados, aprobados… pero la incertidumbre parece ser lo único que se mantiene. Como dijimos, no hay dos OVNIs ciento por ciento congruentes ni humanoides iguales y esto, en rigor, es directamente proporcional al dolor de cabeza de los investigadores. ¿Cómo establecer patrones más allá de lo genérico? ¿Cómo decir qué es lo que está pasando si siempre es “algo distinto”?
“De hecho —continúa Caravaca—, las numerosas aproximaciones que se han intentado hacer por parte de diferentes investigadores y agrupaciones para intentar establecer algún tipo de clasificación sobre la morfología de los humanoides (o de las naves) han resultado infructuosas porque, como digo, existen tantas naves y humanoides como testigos han narrado sus encuentros. Claro que tenemos que reconocer que hay ciertos paralelismos a rasgos generales, pero si analizamos uno a uno cada suceso, nos daremos cuenta que —al margen de que pueda existir un fenómeno real y tangible— parece que de alguna manera está muy vinculado a la psiquis humana y que, de hecho, el testigo puede ser una de las claves para saber qué se esconde detrás”.






Caravaca sigue hablando y llega a un punto que me resulta muy interesante: deja las diferencias de lado y se centra en las similitudes. Reconoce, entonces, que sí existen patrones y rasgos, pero están ligados directamente al comportamiento del fenómeno: “Lo que me llama poderosamente la atención es ver como existen cosas que parecen repetirse en todos los encuentros cercanos y que, de alguna manera, contradicen la máxima de algunos investigadores que plantean que nuestro planeta está siendo visitado por varias civilizaciones extraterrestres, lo que explicaría las diferencias en las morfologías observadas en los tripulantes y sus artefactos. Contradicen porque los comportamientos, la manera de interactuar con el testigo, en todos los casos y al unísono parecen seguir un mismo patrón de conducta, una cosa que a todas luces es ilógico. Que diferentes civilizaciones se comporten de la misma manera, como si todas se hubieran puesto de acuerdo, es imposible e ilógico”.


José Antonio dice que si se analizan los datos recopilados en diferentes partes del mundo es fácil darse cuenta que existen algunos comportamientos repetitivos: “…por ejemplo observar que los tripulantes de las diferentes naves toman muestras del terreno, comportándose como científicos o astronautas realizando algún tipo de estudio del suelo, algo que es interpretable por casi todos los testigos. Es presumible para un testigo pensar que una nave espacial procedente de otro planeta exploraría los alrededores al momento de llegar a La Tierra y son muchos los casos en que se ve a los tripulantes desembarcar no solo para explorar el terreno, sino que encima, para mayor desconcierto, lo hacen con herramientas muy similares a las que nosotros mismos tenemos. Palas, instrumentos para cavar en el terreno, para recoger muestras e incluso con bolsas, que de alguna manera me lleva al planteo de si no estamos frente a una representación, una pantomima, que se crea para que el testigo vea acciones fácilmente interpretables y que faciliten la asimilación de la experiencia”. Además, José Antonio sospecha que puede que sean métodos para generar cierto estado de tranquilidad en el testigo ante un hecho “totalmente desconcertante”. Este marco de normalidad también incluye reparaciones de vehículos: “Conocerás bien Fernando, multitud de casos de testigos que ven a los tripulantes del artefacto realizando tareas de reparación como si se tratara de un vehículo como nuestros automóviles que se averían en plena carretera, obligándonos a descender, abrir el capote y realizar reparaciones. Es chocante como, independientemente de la morfología de los humanoides, sean altos, bajos, velludos, con o sin ojos… todos, parecen entregarse a este tipo de situaciones que yo he definido, en mi percepción sobre el fenómeno OVNI, en la Teoría de la Distorsión, como los «arquetipos básicos reconocibles»”.


EL AGENTE EXTERNO
Caravaca sigue dando ejemplos de lo que considera, son los puntos más sobresalientes de muchos casos —usualmente— relacionados a la ufología. No me cuesta pensar en una historia dibujada, en cinco minutos, con base a estos «arquetipos básicos reconocibles». En mis libros y narraciones de ciencia ficción, no pocas veces los personajes se encuentran cara a cara con lo desconocido y, la mayor parte de las veces, lo hacen en un contexto medianamente clásico: una noche con o sin luna, en una carretera solitaria, un conductor escucha un ruido o ve un “flash” de luz. Entonces divisa lo que piensa que es otro automóvil, pero que termina siendo “el misterio” personificado. Claro que en toda buena historia existe un porqué, un significado que puede leerse entre líneas. A veces se lo da el personaje, a veces el mismo misterio. Y es ahí donde la pregunta se vuelve sobre sí misma: ¿Qué misterio encierra el misterio?


“Yo no identifico al creador de este tipo de encuentros como una entidad alienígena, entendida como un ser biológico que ha manufacturado su nave en algún recóndito planeta y que acude al nuestro para explorar”, dice José Antonio antes de destacar que su teoría intenta explicar muchos de los incidentes relacionados al OVNI pero tampoco intenta ser una respuesta global a todo lo que se ha podido recopilar sobre el fenómeno a lo largo de los años de investigación.


“Creo, en concreto, que en los encuentros cercanos estamos tratando con la presencia de un agente externo y desconocido, exterior al ser humano pero que, como digo, no es en sí parte de una civilización extraterrestre. Es una entidad, de la cual todavía no he podido acotar su íntima naturaleza pero que establece algún tipo de comunicación, algún tipo de simbiosis y sincronización con la mente humana, con la mente del testigo y de ahí… creo que este es el punto esencial de la Teoría de la Distorsión, de ahí extrae el material del propio testigo con el objetivo de conformar el contexto del encuentro cercano. Entonces, el encuentro no sería más que una grandiosa o espectacular puesta en escena, una proyección tridimensional, que incluso puede tener materia. El agente externo es capaz de crear lo que denomino “materia efímera”, que tiene por finalidad crear ese artificio, esa puesta en escena”. Caravaca remarca que es la mente del testigo, la información almacenada en el subconsciente, lo que utilizaría el agente externo para generar esta suerte de realidad alternativa, aunque medianamente familiar. “Esto se desprende de lo que ha vivido, lo que ha estudiado, visto en TV… eso explicaría también como algunos encuentros cercanos que se producen en lugares muy determinados, como zonas rurales, tengan ciertas características que no se ven en otro tipo de hábitat”.


En su blog destinado a este tema, José Antonio resume: “La Teoría de la Distorsión sugiere que los encuentros cercanos con OVNIs y sus tripulantes, son el resultado de una “Creación Mental Compartida” entre un agente externo desconocido y el inconsciente del testigo. Por tanto, el significado, repercusión y propósito de estas experiencias hay que buscarlo en el plano mental”.


LAS IMPLICANCIAS DE LO ABSURDO
No pocas veces hemos escuchado algo acerca de un caso que nos parece absurdo, incluso ridículo. La presencia de detalles que “no cuadran” con la idea que podemos tener de una civilización hiperdesarrollada no siempre arroja una duda sobre el hecho en sí, sino más bien sobre la interpretación del testigo. Es cierto que si nos encontráramos cara a cara con humanoides —digamos— un millón de años más avanzados, muchos de sus “hechos tecnológicos” nos parecerían magia hecha y derecha, incluso podríamos atribuir cierta divinidad a las actividades de estos supuestos seres. Pero sucede que la presencia de simples escaleras, hornos, tachas, chapas y tornillos alcanzan para dejarnos pensando en qué es exactamente lo que experimentaron estas personas que dicen haber tenido un encuentro con algo que, por lo general, catalogan como “superior”.
Le pregunto a Caravaca si su teoría cubre este problema y me dice que sí, que es justamente uno de los puntos que siempre le llamaron la atención y que no encuentra problemas para contenerlo dentro de la “Distorsión”.
“Estos detalles parece que están puestos, como decía incluso Jaques Vallée en uno de sus libros: “para restar credibilidad”, y de hecho, se le ha querido dar una gran entidad a este factor absurdo que rodea estos encuentros pero que dentro de la Teoría de la Distorsión, como veremos, tiene una simple explicación”. Le pregunto entonces por algún caso que represente con claridad adonde apunta y comienza a nombrar algunos, hasta que se decide por uno que titula como el de una “ballena metálica que se tragó a un ufonauta”. En ese instante comprendo adonde se dirige y lo escucho con atención.

EL CASO DE WILLIAM LAXTON 
 “Uno de los mejores ejemplos es el de William Laxton. Su caso comenzó sobre las cinco y media de la mañana del 23 de marzo de 1966, en un tramo de la autopista 70, entre Oklahoma y Texas, cuando conducía en dirección a su trabajo. Era profesor en la Base Sheppard de la Fuerza Aérea de Wichita Falls, en el estado de Texas. De pronto el testigo es sorprendido por una gran luminosidad que divisa sobre el asfalto. Antes de que pueda comprender de qué se trata, se presenta una extraña maquina alargada, frente su vehículo, atravesando el camino en un ángulo de 45 grados; lo que le impide el paso. El artefacto parecía estar compuesto de aluminio y —calculó— tendría unos 22 metros de largo por 2 y medio de alto. Contaba en su costado con una ventanilla en forma de ojo de buey y se apoyaba en cuatro patas. En su parte superior se distinguía una antena de unos dos metros doblada hacia atrás. Lo más curioso de la aeronave es que tenía forma de pez, dividido en cuatro secciones iguales.


 El testigo detuvo su furgoneta a unos 90 metros de su posición y se aproximó a pie hasta unos pocos metros del objeto, la extrema luminosidad del fenómeno le permitió ver toda la escena con claridad. Laxton narró que había cuatro luces muy brillantes en ambos lados. En sus propias palabras: «brillo suficiente para que un hombre pueda leer un periódico a una milla de distancia». Aquella cosa parecía estar iluminada por dentro y tenía una burbuja de cristal en la parte delantera, de un metro de diámetro, que al testigo le pareció similar a la carlinga de un avión B-26. En su parte posterior tenía una estructura horizontal de unos 76 cm de largo como una “especie de estabilizador de cola”. En la parte inferior del objeto distinguió una compuerta de unos 120 centímetros de alto y 60 centímetros de ancho. También vio una escotilla que estaba abierta y por la que salía una luz blanquecina. Pero las sorpresas fueron en aumento ya que bajo el aparato pudo observar a un humanoide vestido como un militar. Él lo describe como un traje de dos piezas de color verde, incluso llevaba una gorra de baseball y una linterna en la mano. Y ahí volvemos a lo anterior cuando hablamos de los «arquetipos básicos reconocibles» por parte del testigo, porque inmediatamente se le viene a la cabeza que aquel humanoide, en ese contexto, ha tenido algún tipo de avería y está intentando reparar la aeronave.
Pero ahí no termina la extrañeza del incidente porque incluso Laxton llega a ver, en el hombro del humanoide, unas insignias que son muy parecidas a las de un Sargento Mayor del ejército norteamericano. Además, en los laterales de la nave el testigo ve letras y números. Una especie de “TL”, un 4, un 7, un 6, un 8… y en ese contexto, nada parece tener lógica. Entonces terminamos hablando del factor absurdo, de cómo en una pretendida nave extraterrestre encontramos letras, números e incluso la apariencia de su tripulante es congruente con la de un militar que lleva galones en los hombros. Para concluir la historia, el objeto despega haciendo un sonido como de taladro y se aleja a gran velocidad. Incluso un camionero da su testimonio más tarde confirmando el despegue de un extraño artefacto. Fíjate que el caso tuvo tal consideración que fue investigado por la Fuerza Aérea norteamericana y Laxton, que como dijimos trabajaba en una base en Texas, fue considerado como un testigo de alta calificación.
Dentro de la Teoría de la Distorsión, si la aplicáramos a este suceso, veríamos que el agente externo, cuando entra en comunicación, cuando sintoniza la mente del testigo, lo primero que obtiene es una ingente información de aspecto militar. El detalle de los galones nos da la pauta de que este agente externo ha extraído la imagen del subconsciente del testigo y la plasma en ese escenario que crea para la ocasión”.







Me pregunto (y le pregunto) si en algún momento estamos rozando la posibilidad de un estado alterado o alucinatorio: “Quiero dejar en claro que en ningún momento estoy hablando de alucinaciones o de problemas mentales de los testigos. Estoy hablando de que existe un agente externo que, de alguna manera, es capaz de crear esta aparición con la información que extrae del subconsciente del testigo y la plasma utilizando sus propios engranajes. El testigo en ningún momento es consciente de estar siendo la fuente de documentación para ese escenario que está presenciando con sus propios ojos”.


LA MENTE, SIEMPRE LA MENTE

Lucía Cinquepalmi, una respetada psicóloga de la Universidad Nacional de La Pampa que entrevisté alguna vez me dijo que “No somos los mismos a partir de que nos damos cuenta”. La nota venía a causa de unos supuestos casos de “visitantes de dormitorio”, bastante distintos entre sí aunque congruentes con lo que hablamos con José Antonio.
Ahora fiebre baja, estoy temblando… o quizás sea que me imagino en la piel de estas personas al momento de enfrentar lo desconocido. Sea real, sea un truco de la mente, el espanto no debe ser poco. Imagino lo que habrá sido para ellos “darse cuenta” de que algo inexplicable les había pasado, aceptar que la realidad ya nunca sería la misma. Y lo digo con mucha seriedad. No importa si sucedió o no… importa si es real para el testigo, la mella que deja el evento se hace palpable en sus accesos a la ansiedad o en esa mirada distante, la del que ya no se sorprende con nada. De cualquier manera es un trance que hay que llevar en los hombros.


Pero supongamos por un momento que contamos con todas las pruebas para asegurar que estos casos son reales y que la teoría de Caravaca es ciento por ciento acertada: ¿entonces? ¿Acaso estas entidades tienen la capacidad de abrir un puerto secreto en la mente del testigo? ¿De enchufar un cable imaginario por el que trasmiten y descargan los datos que les interesan?


“Si, yo creo que esa es la clave de este tipo de experiencias. La comunicación que se establece entre la mente del testigo y el agente externo. Evidentemente, el testigo, en el momento en el cual se está produciendo la experiencia, no puede ni siquiera imaginar que muchos de los elementos que está observando están siendo aportados por su propio subconsciente. Distorsionados, de ahí la Teoría de la Distorsión, ante sus propios ojos para que formen este episodio de supuesta visita extraterrestre. El agente externo quiere que ese sea el mensaje, es la historia inducida que quiere que creamos, como hace siglos intentaba disfrazarse de apariciones fantasmales o cualquier otro tipo de sucesos paranormales”.
Esto me recuerda a los íncubos y súcubos, a kappas y duendes, y muchas otras leyendas que, en distintas partes del planeta, se mantienen vivas con el folclore y el miedo. “Existen interesantísimos paralelismos con las investigaciones realizadas a finales del siglo XIX y principios del XX por los parapsicólogos, en todo lo referente a lo mediumico y a los contactos con el “más allá”, que tienen una semejanza extraordinaria con ciertos aspectos del fenómeno OVNI. Pero como tu bien indicabas Fernando, la comunicación, cuando el agente externo es capaz de profundizar en nuestro subconsciente, logra extraer la información”, y agrega que para exponer un ejemplo, es buena idea pensar que al agente externo es un maestro en un aula donde los testigos son los alumnos. Entonces, el agente pide que se haga una narración con tres elementos dados: un bosque, un duende y un castillo. Las bases siempre van a estar pero las historias serán indefectiblemente distintas gracias a lo que sus mentes harán con estos elementos dados. Diferentes capacidades creativas, formaciones y hasta humores pueden devenir en historias muy, demasiado dispares. Caravaca dice que este principio lo aplica a los encuentros cercanos y lo llama la “creatividad onírica”, puesto que se producen creaciones parecidas a las que experimentamos cuando dormimos, ese momento en que —siempre bajo supuestos incluso para la ciencia— se libera el subconsciente.


“Y volvemos a lo absurdo. Porque podemos imaginar que conducimos nuestro vehículo y que este tiene solamente una rueda. Durante el sueño esto nos parece una cosa absolutamente normal y solo al despertar nos damos cuenta de lo absurdo, de lo incoherente de haber conducido un coche con una sola rueda. Pues este tipo de detalles los encontramos incrustados dentro de las experiencias OVNI”, e insiste en que para cualquier investigador sería muy difícil encontrar un sentido a los detalles más bizarros del caso Laxton. Pero sucede que el testigo reúne en su mente esta información relacionada a los uniformes militares y linternas: “…por lo tanto podríamos hablar de una creación onírica, con los datos que tiene el testigo pero que son distorsionados para que el testigo no reconozca sus propios pensamientos en la interacción. De hecho es importante destacar que la participación del agente externo hace que la mente no aporte demasiado material incoherente. Porque entonces tendríamos noticias de incidentes en los que el testigo hubiera visto a su madre en los controles de un objeto volador. El agente externo, como director de la creación, establece un papel de controlador y evita todo este tipo de imágenes que se podrían producir en el caso de que la mente humana fuera la única que está creando las situaciones”.

INMERSO EN LA DISTORSIÓN Y LOS FENÓMENOS PARASITARIOS
A esta altura me queda claro que la teoría de la distorsión cumple en llenar huecos que parecían imposibles. Es una teoría elegante, en la que se propone explicar con cierta simplicidad una serie de hechos complejos y desconcertantes. Quizás, como dice José Antonio Caravaca, no aplique todos y cada uno de los casos o variantes dentro del tema OVNI —y por qué no paranormal—, pero se acerca bastante a poner el Norte en una idea más o menos general: “algo está jugando con nuestras mentes”.
Claro que para finalizar este capítulo me encantaría tener una respuesta, una pista al menos de qué es ese “algo”, pero se me hace muy complejo imaginar de que se pueda tratar. Si estuviera escribiendo un libro de ciencia ficción me tiraría por el lado de la presencia de entidades interdimensionales que, de vez en cuando, son capaces de interactuar con nuestra realidad o que nosotros mismos, ante ciertos estímulos electromagnéticos somos capaces de exponernos a esas interacciones. Como sea, necesito preguntarle a Caravaca que piensa, que considera que puedan ser estos «agentes externos».
“Es la pregunta del millón, Fernando. Pero la verdad es que este quizás sea el asunto más complejo a la hora de dilucidar que puede esconderse detrás de este tipo de manifestaciones. Ya decía al principio de nuestra charla que quizás dentro de la amplia casuística ufológica podamos tener incluso la presencia de fenómenos totalmente diferenciados, y lo que estamos intentando es arrojar luz concretamente sobre este tipo de manifestaciones que hemos observado en multitud de encuentros cercanos. A mi entender, cuando hablamos de «agente externo» nos referimos a algún tipo de entidad, de energía, que quizás tenga alguna relación con el inconsciente colectivo que tan bien definió Carl Gustav Jung. Incluso diría que podría ser un fenómeno del tipo parasitario, que necesita la interacción, esa comunicación de la que hablábamos entre la mente de los testigos y este operador, que necesita la creación de estas vivencias”.

Lo escucho y pienso en cuantas veces necesitamos de alguien más para sentirnos mejor, entonces recuerdo que tengo fiebre y vuelvo a la cama. Me pregunto si algo, ahí afuera, necesita de nosotros para cumplir con un fin esquivo, o simplemente divertirse un rato. Lo medito, lo doy vuelta, pero solo queda esa sensación brumosa de la Distorsión.


Fernando Silva Hildebrandt
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Para más contenidos de José Antonio Caravaca:
*Teoría de la Distorsión (blog): http://caravaca101.blogspot.com.es/
*Esos misteriosos objetos celestes y sus tripulantes (blog): http://caravaca.blogspot.com.ar/

domingo, 16 de marzo de 2014

Richard Hoover: "Tengo pruebas irrefutables de vida extraterrestre"



“Estoy absolutamente convencido de que la vida no está restringida solo al planeta tierra”, es lo que dice Richard Hoover, astrobiólogo retirado de la NASA, en una reciente entrevista realizada, dentro del contexto de la edición 2014 del “Congreso OVNI Internacional”, por un canal de Youtube apodado “Open Minds” (Mentes Abiertas).

La mera aparición de este científico presentando el que dice es su “paper definitivo” sobre la existencia de vida extraterrestre es, desde el vamos, llamativa. Pero aun lo es más la vuelta de tuerca del congreso, donde comparte cartel con personajes cuestionables y cuestionados de la cultura ufológica internacional.

Para el que no lo sepa, quien suscribe es productor periodístico y co-conductor de un ciclo radial centrado en ciencia y misterios, donde se hace un eje especial sobre el tema OVNI. Personalmente, considero que existen grandes investigadores, personas intachables que recolectan datos de manera incansable y luchan contra viento y marea para revelar las verdades de algo que, como dijo Fabio Zerpa: “dejó de ser un fenómeno para convertirse en una realidad”. Incluso con esta base, me resulta llamativo que el ganador del premio “Inventor del año” (1992), prefiera este ambiente al de un foro universitario, o la Journal Of Cosmology a una revista científica establecida.

Algunos dirán que se trata de una cuestión política. Que a los científicos más ortodoxos no les gusta que les mojen la oreja con preguntas incómodos. Otros dirán que Hoover perdió el norte y quiere “probar a toda costa” que el trabajo de su vida tuvo frutos. Como sea, me encargué de traducir los puntos más relevantes de la nota para dejarlos a vuestra consideración.

Las conclusiones quedan a cargo del prisma con que se mire.

LA NOTA

Periodista: Profesor, ¿que es lo que lo convence de que la vida no está restringida solo a la tierra?

Hoover: Estoy absolutamente convencido de que la vida no está restringida solo al planeta tierra, porque encontré los restos de formas de vida que son absolutamente, en conclusión, extraterrestres. El meteorito de Orgeuil, que aterrizó en Francia en 1864, el meteorito de Murchison, que cayó en Australia en 1969, no hay discusión en la comunidad científica de que esos sean meteoritos y de naturaleza extraterrestre.

Lo que sucede es que cuando tomo uno de esos meteoritos y lo abro bajo condiciones muy precisas de esterilización, y lo pongo en un microscopio electrónico con la superficie recién abierta… bueno, encuentro los obvios y reconocibles restos de entidades biológicas. Y eso me ha probado que, desde que estos restos están metidos dentro de la superficie recién abierta del meteorito, sucede que son los restos de microorganismos… y por lo tanto representan vida.

Periodista: ¿Y por qué algunos científicos dicen que en realidad lo que está encontrando son microorganismos que están allí como resultado de la contaminación recibida cuando el objeto golpea el suelo?

Hoover: La única explicación es que, o no leyeron los trabajos que publiqué o, si es que los leyeron, simplemente no los entendieron. Y la razón por la que puedo decir que estos organismos son extraterrestres es que con el microscopio de escaneo electrónico que uso es posible determinar la abundancia relativa de los diferentes elementos que están presentes en los restos fosilizados. Puedo ver elementos como el Boro y cuando miro esas muestras tienen las características morfológicas de las cianobacterias y de otros tipos de entidades microbianas reconocibles. Entonces las enfoco con el rayo de electrones en el punto particular del filamento. Entonces, la radiación que sale, los rayos x que salen, son analizados por los elementos en el mismo microscopio y esto me da como resultado que tienen tanto de carbono y tanto de oxígeno y tal cantidad de magnesio y sulfuro y así… pero el punto es que en estos restos fosilizados es casi imposible encontrar niveles detectables de Nitrógeno, y eso es profundamente importante ya que todas y cada una de las cosas vivientes en la Tierra contienen nitrógeno. Tienen que tener nitrógeno para los aminoácidos, tienen que tener nitrógeno para las proteínas y tienen que tener nitrógeno para cada ADN, en cada área en cada molécula y en cada célula.

Cuando un organismo vivo muere ese nitrógeno, lentamente, se separa y vuelve a la atmósfera como gas de nitrógeno, pero ese es un proceso muy largo que lleva millones de años. Estos meteoritos de los que hablamos llegaron desde 1864 a la fecha. Murchison aterrizó en 1969, otro el 29 de diciembre de 2012… así que estos meteoritos no tuvieron la posibilidad de estar en la Tierra el tiempo suficiente como para que algo se haya metido dentro después de la caída y que el nitrógeno haya desaparecido. Cualquier cosa que se haya arrastrado dentro del meteorito de Orgueil después de 1864 tendría nitrógeno detectable.

Periodista: Algunos dicen que se trata de contaminación de laboratorio.

Hoover: Verás, no soy el único que investiga estos meteoritos. En realidad han sido estudiados por científicos desde que llegaron, muy extensivamente, porque son Condritas Carbonáceas; extremadamente raros y preciosos. El tema es que cuando los científicos los estudiaron encontraron todo tipo de cosas excitantes en ellos: aminoácidos, moléculas biológicas muy importantes y complejas. Por ejemplo encontraron bases nucleares, encontraron Uracilo, encontraron Adenina, Guanina… pero no encontraron Citosina ni Timina. Ahora, estas cinco bases nucleares son críticas porque son esenciales en moléculas de ADN y moléculas de ARN y no conocemos ninguna forma de vida en la Tierra que pueda existir sin ADN y ARN. Bueno, los virus existen sin ADN pero todas las células, bacterias y arqueobacterias, todas las células procariotas y eucariotas requieren de los dos: ADN y ARN. El problema es que no puedes tener ADN y ARN sin tener las cinco bases nucleares. Así que si una cianobacteria se metió en un meteorito en 1864, deberíamos haber encontrado las cinco bases nucleares y todos los veinte aminoácidos proteicos… eso si fueron contaminados por la biología moderna. No hay posibilidad de que se hayan contaminado con biología moderna y dejar afuera al mismo tiempo las biomoleculas que son cruciales para la vida.



RESUMIENDO:

Hoover presenta datos que la gran mayoría de los científicos que recibieron el trabajo ponen en duda. La primera punta de la piedra de la discordia se presenta porque según Martin Brasier (Oxford UN), "En terminos de técnica, son necesarias varias para la comprobación. El Microscopio de Escaneo Electrónico (MEE) es conocido por hacer que agentes contaminantes se vean naturales en cualquier roca. La técnica es pobre, en la mayoría de los casos, para detectar carbono y nitrógeno". Además agrega que: "En terminos de Nitrógeno, los diferentes materiales orgánicos pierden Nitrógeno en diferentes medidas, dependiendo del organismo y el contexto. Además, el Nitrógeno no puede ser medido correctamente con un Microscopio de Escaneo Electrónico".

Ximena Abrevaya, astrobióloga argentina y jefa de un proyecto internacional de investigación de vida extraterrestre nos lo explica mejor en una nota en este mismo blog.

Solo queda preguntarse por las motivaciones de Richard Hoover para lanzar al mundo, casi en un grito, que tiene "pruebas irrefutables" de vida extraterrestre. Quizás, en ese aspecto tan humano, encontremos más que lo que esperamos encontrar.

jueves, 27 de febrero de 2014

El camino (a modo de presentación)

No voy a citar a nadie. No porque crea innecesario mirar lo que otros hicieron o porque piense que tengo respuestas y reflexiones a todos los misterios que —de una u otra manera— me quitan el sueño. El tema es que aquí hablaremos de otras realidades y, en rigor, existe una diferente por cada uno de nosotros.

Miles de millones de realidades, de percepciones, de maneras de ver el mundo. Todas las vidas tamizadas por la interpretación de los estímulos que llegan desde el medio y que son canalizados en forma de impulsos eléctricos, que hacen verdaderas chispas en nuestros cerebros de simios listos y lampiños.

Claro que, de vez en cuando, sucede que esos estímulos hablan de hechos que no tienen nada que ver con lo que esperamos encontrar en la vida cotidiana. Luces inexplicables en el cielo, entidades más o menos comunicativas, más o menos estrafalarias, interferencias telefónicas y hasta desfasajes de espacio y tiempo juegan con nosotros… o simplemente interactúan por accidente, sin preocuparse o interesarse por lo que pensemos.

Es el borde, la frontera de la intimidad. Estos casos adversos a la lógica, inconclusos por definición, nos invaden en la ruta y en la cama; dejan marcas que escapan a todo análisis de las formas y motivos.

En esta primera entrega hablaré entonces de la carga que llevo en las espaldas, por eso la falta de referencias a otras personas que, como yo (y mucho mejor quizás), se han adentrado en el mundo de lo que preferimos olvidar por no poder encontrarle “la vuelta”. Además, no sería sincero ni sano negar mi procedencia y con ello sacar de contexto la búsqueda que, algunos dicen, es lo que nos define.

Las historias sobre OVNIs y apariciones poblaron mi infancia, junto a las novelas de Julio Verne y Stevenson, generando un universo poblado por extraterrestres, piratas, lobos, astronautas rudimentarios y cierta sensación constante de magia, que con el tiempo fue mutando en incógnitas y —más tarde— una postura literaria de novelista de ficción y misterio, de la mano con un sano escepticismo, de ese que lo obliga a uno a buscar respuestas y dar un paso más, siempre un paso más.

Mi padre y mi madre vivieron casos OVNI de alta extrañeza en los años de marcianos industriosos, allá por los 70’s. Uno incluye el primer registro de una mutilación de ganado en Argentina (sino Sudamérica), misma que se relaciona con un claro evento de Encuentro Cercano del tercer Tipo. El otro habla de un “objeto de forma indefinida, como la bruma”, plantado sobre la camioneta que manejaba, también, mi padre. Todo esto se narraba con tono anecdótico en cenas familiares, en reuniones donde se compartía mate o café, pero nadie nunca decidió investigar demasiado. Quizás, algunos de nosotros, tenemos suficiente con saber que existen cosas (si, cosas) que escapan a toda explicación que podamos inventar con las herramientas que tenemos a la mano.

Mi búsqueda pasa quizás por las herramientas, y por tenerlas a la mano. En los años de auge OVNI y paranormal (al menos desde el punto de vista mediático), se hicieron grandes avances de la mano de incansables investigadores que recorrieron millones de kilómetros tras una verdad, al menos, esquiva.  Muchos de esos hombres y mujeres siguen hoy en día buscando profundizar en lo que también les quita el sueño y algunos me han abierto las puertas de sus casas físicas y virtuales, permitiendo que este humilde curioso tenga la posibilidad de asomarse y vivir parte del fantástico mundo de realidades que les rodean. Estoy y estaré eternamente agradecido por ello pero, como un extra en el combo, han logrado infectarme con esa espora maldita y bendita que es la obsesión por dar los pasos que no se dieron todavía. Seguro tenga que ver eso de que ya viniera dando tumbos por el camino, pero no puedo más que agradecer el honor de la confianza y cierto aire de apadrinamiento.

Como decía, mi búsqueda pasa por las herramientas, por encontrar puertas donde antes se levantaban murallas, esas que tanto dieron de comer a los astutos de siempre, que no pierden oportunidad en vender cuentos chinos (si, de esos que se gritan desde lo alto de la Gran Muralla). Por eso me acerco sin dudas a la ciencia. Consulto, insisto, contacto y busco entre las personas que tienen esas herramientas para ver cómo podemos hermanar lo que antaño parecía imposible.

Es que el panorama cambió demasiado. Nunca olvido que en la misma época en que los investigadores clásicos buscaban extraterrestres en La Tierra, a este servidor le explicaban en el colegio primario que solo había agua en nuestro planeta. ¡Todo un universo por ser descubierto y el agua era un recurso exclusivo de la bolita celeste! Hoy, tenemos agua confirmada en la Luna, en Marte, Europa, Encelado y en casi todo cuerpo celeste que se pueda analizar con aparatos científicos. Hoy, no es descabellado pensar que en los mares de Europa o Titán (tan distintos y tan fascinantes) bien puede existir vida microscópica. Si sumamos los avances (muchas veces desconcertantes) en materia de mecánica cuántica, con experimentos confirmados de retroceso del tiempo o científicos que corroboran que acceder a “otra dimensión” es algo tan simple como ponerse un par de gafas polarizadas y ver lo que pasa… y ni hablar de la astrobiología y sus avances firmes sobre la panspermia y la búsqueda de vida extraterrena, pero también en el nuevo campo de la “biología de las sombras”, o la genética y sus constantes replanteos acerca de casi todo lo que podemos comprender… entonces, lo que queda es intentar ver el todo y dar rienda suelta al pregunterío periodístico, a la investigación en aras de resolver, quizás, un mínimo porcentaje de los enigmas que nos acechan y marean hace ya demasiado tiempo.

Claro que a esta altura me cuesta hablar de OVNIs, seres dimensionales, entidades energéticas o extraterrestres. Quizás el paso siguiente venga de la mano de la eliminación de etiquetas, despojar un poco el campo de los dogmas y soltarnos con un yunque a tratar de planear en lo desconocido. Al fin y al cabo, esa es la magia del misterio, la misma que motiva a investigadores de campo y a científicos. ¿Seremos capaces de evitar el golpe? ¿De proponer teorías descabelladas y encontrar el sustento como para planear hasta algún punto donde la sabiduría popular y la ciencia se pongan de acuerdo en estos temas tan escabrosos?

Por eso propongo pensar más que creer. Todos creemos en algo y de alguna manera nos sirve para superar los grandes-pequeños dilemas cotidianos. Pero a la hora de buscar respuestas para los misterios más crípticos de la humanidad es necesario sacarse de encima la necesidad de incursionar en el realismo mágico y comprender que necesitamos pensar lo real como parte del dilema de encontrar, incluso, quienes somos, para que estamos aquí o si es que Dios y la ciencia son hijos de la misma conciencia.

Precisamos ejercitarnos en abrir la mente, siendo críticos al mismo tiempo. Sea desde la investigación de campo y la recopilación de datos o desde el laboratorio. En todos los casos encuentro indispensable poner una pizca de ilusión y una tonelada de seriedad para abordar lo que uno comprende que es necesario comprobar o refutar. Sin etiquetas, sin mirarnos de reojo, porque la complejidad de lo que existe es mucho más vasta de lo que se puede comprender.

¿Acaso pensaste alguna vez en como representarte mil millones de kilómetros? Uno puede imaginar como lucen diez, cien… mil kilómetros si se hace un esfuerzo mental mezclando imágenes de lugares visitados con recuerdos cartográficos medio borrosos. ¿Pero mil millones? ¿Y que tal esas esquivas propiedades de los neutrinos? ¿Y que me decís de la tremenda velocidad de la luz? ¿Acaso llegamos a comprender de que hablamos cuando nombramos esos conceptos como loros en una charla casual con el almacenero?

Hay que rendirse, dejarse caer y comenzar de nuevo. Usar al pasado como un aprendizaje y pensar en el futuro como lo que es: algo deforme e incierto aunque fascinante.  Siempre, con los ojos bien abiertos para captar la sensibilidad humana y las manos dispuestas para adoptar las herramientas de la ciencia. Se me ocurre que —quizás— a mitad de camino encontraremos la primera certeza.

Lo único que tengo son preguntas y todo lo que necesito son respuestas.

Bienvenid@s al blog.

EPICERO