JOQUÍN ABENZA:

Desacreditación y conspiraciones, otra mirada a una realidad esquiva.

XIMENA ABREVAYA: ¿Y si fuera verdad?

Ciencia aplicada a la búsqueda de vida extraterrestre.

EL CAMINO

(a modo de presentación)

RICHARD HOOVER

"Tengo pruebas irrefutables de vida extraterrestre".

Mostrando entradas con la etiqueta ebe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ebe. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de julio de 2014

José Antonio Caravaca: la Teoría de la Distorsión (repensar lo imposible)





Toda la tarde con fiebre, en cama, pensando en misterios, el programa de radio, una fémina en particular y de paso mirando viejas películas de OVNIs. Los ratos en los que no duermo son confusos, la temperatura elevada tiene esa cualidad de nublar los sentidos, de ponerte en una suerte de trance en el que nunca sabes bien lo que estás haciendo. Así, las películas se llenan de protagonistas parecidas a la chica en cuestión (muy a pesar de lo variable del color del cabello), el programa de radio bien puede ser un show de TV y los misterios de la mente y el alma… siguen esquivos. Entonces repaso todo y me acuerdo de mi amigo José Antonio Caravaca.

Caravaca parece haber dado en algunas claves de las que persigo, se me ocurre, tras algunas tardes como esta y no puedo dejar de pensar en muchos, cientos de casos de encuentros con el misterio. Sucede que, con el tiempo, uno se pregunta: ¿qué es lo que están viendo? En rigor, cada testigo de hechos misteriosos tiene una visión distinta de lo sucedido en otros casos. Nunca vamos a encontrar —por ejemplo— dos humanoides exactamente iguales. Incluso en la cultura OVNI americana, donde tantos “grises” aparecen ante los incautos, las diferencias se hacen notar en esto de si tienen más o menos arrugas, si sus ojos son grandes o pequeños, si aparecen en una habitación o raptan al testigo en una carretera… las versiones de la realidad son siempre distintas y esto es interpretable desde el punto de vista personal. Claro, las construcciones mentales a las que llegamos tras años de experimentar el entorno de tal o cual manera nos condicionan a la hora de interpretar la realidad. Son verdaderos filtros que nos muestran un poco más de aquello, un poco menos de esto. Así, cualquier policía con un poco de experiencia en toma de declaraciones nos dirá que no importa cuántos testigos tenga un accidente de tránsito, las versiones son siempre distintas, aunque más no sea un poco.

Pero José Antonio tiene otra idea, para mí un poco pariente de las que ya barajaban John Keel y Jaques Valée, aunque personal y actualizada. El punto es interesante y lo llama: “Teoría de la Distorsión”.
“Es una idea que llevo planteando algún tiempo y que sobre todo aplico a los encuentros cercanos con los no identificados, que a mi parecer puede representar una de las pistas más fiables que tenemos los investigadores a la hora de establecer que puede esconderse detrás de todo este tipo de manifestaciones”, me dice con la seguridad del que se tira a la piscina porque sabe que tiene agua. “Hay que tener en cuenta que, más allá de los avistamientos lejanos de luces, de objetos desconocidos que no sabemos identificar, los encuentros cercanos con el testigo nos aportan muchísima evidencia, datos de lo que realmente estamos enfrentando”.


Claro que esos datos son esquivos. Están y no están, por definición. No se pueden tomar a la ligera los testimonios de casos que, la mayoría de las veces, suenan demasiado bizarros. Y es que, por más extraños que parezcan, muchos son los testigos que están convencidos de estar narrando un hecho real y no pocas veces se ha demostrado —polígrafo incluido—, que no mienten. Entonces, ¿se trata de un desvarío? ¿De un roce con el borde? ¿De un acceso real a otra realidad o una realidad expandida?


Como dije, Caravaca se ha hecho estas preguntas muchas veces, por eso considera que: “…el profundo análisis, el intenso estudio de todo este tipo de incidentes, puede traer luz sobre un enigma que llevamos ya más de medio siglo investigando. Hemos recopilado todo tipo de información referida a la aparición de estas extrañas naves y sus —no menos enigmáticos— tripulantes. Claro que al día de hoy seguimos sin poder acercarnos a la verdadera naturaleza del fenómeno”.

Datos, otra vez los datos. Pilas de hojas primero y terabytes de archivos de texto más tarde. Miles de casos investigados, analizados, comentados, desbancados, aprobados… pero la incertidumbre parece ser lo único que se mantiene. Como dijimos, no hay dos OVNIs ciento por ciento congruentes ni humanoides iguales y esto, en rigor, es directamente proporcional al dolor de cabeza de los investigadores. ¿Cómo establecer patrones más allá de lo genérico? ¿Cómo decir qué es lo que está pasando si siempre es “algo distinto”?
“De hecho —continúa Caravaca—, las numerosas aproximaciones que se han intentado hacer por parte de diferentes investigadores y agrupaciones para intentar establecer algún tipo de clasificación sobre la morfología de los humanoides (o de las naves) han resultado infructuosas porque, como digo, existen tantas naves y humanoides como testigos han narrado sus encuentros. Claro que tenemos que reconocer que hay ciertos paralelismos a rasgos generales, pero si analizamos uno a uno cada suceso, nos daremos cuenta que —al margen de que pueda existir un fenómeno real y tangible— parece que de alguna manera está muy vinculado a la psiquis humana y que, de hecho, el testigo puede ser una de las claves para saber qué se esconde detrás”.






Caravaca sigue hablando y llega a un punto que me resulta muy interesante: deja las diferencias de lado y se centra en las similitudes. Reconoce, entonces, que sí existen patrones y rasgos, pero están ligados directamente al comportamiento del fenómeno: “Lo que me llama poderosamente la atención es ver como existen cosas que parecen repetirse en todos los encuentros cercanos y que, de alguna manera, contradicen la máxima de algunos investigadores que plantean que nuestro planeta está siendo visitado por varias civilizaciones extraterrestres, lo que explicaría las diferencias en las morfologías observadas en los tripulantes y sus artefactos. Contradicen porque los comportamientos, la manera de interactuar con el testigo, en todos los casos y al unísono parecen seguir un mismo patrón de conducta, una cosa que a todas luces es ilógico. Que diferentes civilizaciones se comporten de la misma manera, como si todas se hubieran puesto de acuerdo, es imposible e ilógico”.


José Antonio dice que si se analizan los datos recopilados en diferentes partes del mundo es fácil darse cuenta que existen algunos comportamientos repetitivos: “…por ejemplo observar que los tripulantes de las diferentes naves toman muestras del terreno, comportándose como científicos o astronautas realizando algún tipo de estudio del suelo, algo que es interpretable por casi todos los testigos. Es presumible para un testigo pensar que una nave espacial procedente de otro planeta exploraría los alrededores al momento de llegar a La Tierra y son muchos los casos en que se ve a los tripulantes desembarcar no solo para explorar el terreno, sino que encima, para mayor desconcierto, lo hacen con herramientas muy similares a las que nosotros mismos tenemos. Palas, instrumentos para cavar en el terreno, para recoger muestras e incluso con bolsas, que de alguna manera me lleva al planteo de si no estamos frente a una representación, una pantomima, que se crea para que el testigo vea acciones fácilmente interpretables y que faciliten la asimilación de la experiencia”. Además, José Antonio sospecha que puede que sean métodos para generar cierto estado de tranquilidad en el testigo ante un hecho “totalmente desconcertante”. Este marco de normalidad también incluye reparaciones de vehículos: “Conocerás bien Fernando, multitud de casos de testigos que ven a los tripulantes del artefacto realizando tareas de reparación como si se tratara de un vehículo como nuestros automóviles que se averían en plena carretera, obligándonos a descender, abrir el capote y realizar reparaciones. Es chocante como, independientemente de la morfología de los humanoides, sean altos, bajos, velludos, con o sin ojos… todos, parecen entregarse a este tipo de situaciones que yo he definido, en mi percepción sobre el fenómeno OVNI, en la Teoría de la Distorsión, como los «arquetipos básicos reconocibles»”.


EL AGENTE EXTERNO
Caravaca sigue dando ejemplos de lo que considera, son los puntos más sobresalientes de muchos casos —usualmente— relacionados a la ufología. No me cuesta pensar en una historia dibujada, en cinco minutos, con base a estos «arquetipos básicos reconocibles». En mis libros y narraciones de ciencia ficción, no pocas veces los personajes se encuentran cara a cara con lo desconocido y, la mayor parte de las veces, lo hacen en un contexto medianamente clásico: una noche con o sin luna, en una carretera solitaria, un conductor escucha un ruido o ve un “flash” de luz. Entonces divisa lo que piensa que es otro automóvil, pero que termina siendo “el misterio” personificado. Claro que en toda buena historia existe un porqué, un significado que puede leerse entre líneas. A veces se lo da el personaje, a veces el mismo misterio. Y es ahí donde la pregunta se vuelve sobre sí misma: ¿Qué misterio encierra el misterio?


“Yo no identifico al creador de este tipo de encuentros como una entidad alienígena, entendida como un ser biológico que ha manufacturado su nave en algún recóndito planeta y que acude al nuestro para explorar”, dice José Antonio antes de destacar que su teoría intenta explicar muchos de los incidentes relacionados al OVNI pero tampoco intenta ser una respuesta global a todo lo que se ha podido recopilar sobre el fenómeno a lo largo de los años de investigación.


“Creo, en concreto, que en los encuentros cercanos estamos tratando con la presencia de un agente externo y desconocido, exterior al ser humano pero que, como digo, no es en sí parte de una civilización extraterrestre. Es una entidad, de la cual todavía no he podido acotar su íntima naturaleza pero que establece algún tipo de comunicación, algún tipo de simbiosis y sincronización con la mente humana, con la mente del testigo y de ahí… creo que este es el punto esencial de la Teoría de la Distorsión, de ahí extrae el material del propio testigo con el objetivo de conformar el contexto del encuentro cercano. Entonces, el encuentro no sería más que una grandiosa o espectacular puesta en escena, una proyección tridimensional, que incluso puede tener materia. El agente externo es capaz de crear lo que denomino “materia efímera”, que tiene por finalidad crear ese artificio, esa puesta en escena”. Caravaca remarca que es la mente del testigo, la información almacenada en el subconsciente, lo que utilizaría el agente externo para generar esta suerte de realidad alternativa, aunque medianamente familiar. “Esto se desprende de lo que ha vivido, lo que ha estudiado, visto en TV… eso explicaría también como algunos encuentros cercanos que se producen en lugares muy determinados, como zonas rurales, tengan ciertas características que no se ven en otro tipo de hábitat”.


En su blog destinado a este tema, José Antonio resume: “La Teoría de la Distorsión sugiere que los encuentros cercanos con OVNIs y sus tripulantes, son el resultado de una “Creación Mental Compartida” entre un agente externo desconocido y el inconsciente del testigo. Por tanto, el significado, repercusión y propósito de estas experiencias hay que buscarlo en el plano mental”.


LAS IMPLICANCIAS DE LO ABSURDO
No pocas veces hemos escuchado algo acerca de un caso que nos parece absurdo, incluso ridículo. La presencia de detalles que “no cuadran” con la idea que podemos tener de una civilización hiperdesarrollada no siempre arroja una duda sobre el hecho en sí, sino más bien sobre la interpretación del testigo. Es cierto que si nos encontráramos cara a cara con humanoides —digamos— un millón de años más avanzados, muchos de sus “hechos tecnológicos” nos parecerían magia hecha y derecha, incluso podríamos atribuir cierta divinidad a las actividades de estos supuestos seres. Pero sucede que la presencia de simples escaleras, hornos, tachas, chapas y tornillos alcanzan para dejarnos pensando en qué es exactamente lo que experimentaron estas personas que dicen haber tenido un encuentro con algo que, por lo general, catalogan como “superior”.
Le pregunto a Caravaca si su teoría cubre este problema y me dice que sí, que es justamente uno de los puntos que siempre le llamaron la atención y que no encuentra problemas para contenerlo dentro de la “Distorsión”.
“Estos detalles parece que están puestos, como decía incluso Jaques Vallée en uno de sus libros: “para restar credibilidad”, y de hecho, se le ha querido dar una gran entidad a este factor absurdo que rodea estos encuentros pero que dentro de la Teoría de la Distorsión, como veremos, tiene una simple explicación”. Le pregunto entonces por algún caso que represente con claridad adonde apunta y comienza a nombrar algunos, hasta que se decide por uno que titula como el de una “ballena metálica que se tragó a un ufonauta”. En ese instante comprendo adonde se dirige y lo escucho con atención.

EL CASO DE WILLIAM LAXTON 
 “Uno de los mejores ejemplos es el de William Laxton. Su caso comenzó sobre las cinco y media de la mañana del 23 de marzo de 1966, en un tramo de la autopista 70, entre Oklahoma y Texas, cuando conducía en dirección a su trabajo. Era profesor en la Base Sheppard de la Fuerza Aérea de Wichita Falls, en el estado de Texas. De pronto el testigo es sorprendido por una gran luminosidad que divisa sobre el asfalto. Antes de que pueda comprender de qué se trata, se presenta una extraña maquina alargada, frente su vehículo, atravesando el camino en un ángulo de 45 grados; lo que le impide el paso. El artefacto parecía estar compuesto de aluminio y —calculó— tendría unos 22 metros de largo por 2 y medio de alto. Contaba en su costado con una ventanilla en forma de ojo de buey y se apoyaba en cuatro patas. En su parte superior se distinguía una antena de unos dos metros doblada hacia atrás. Lo más curioso de la aeronave es que tenía forma de pez, dividido en cuatro secciones iguales.


 El testigo detuvo su furgoneta a unos 90 metros de su posición y se aproximó a pie hasta unos pocos metros del objeto, la extrema luminosidad del fenómeno le permitió ver toda la escena con claridad. Laxton narró que había cuatro luces muy brillantes en ambos lados. En sus propias palabras: «brillo suficiente para que un hombre pueda leer un periódico a una milla de distancia». Aquella cosa parecía estar iluminada por dentro y tenía una burbuja de cristal en la parte delantera, de un metro de diámetro, que al testigo le pareció similar a la carlinga de un avión B-26. En su parte posterior tenía una estructura horizontal de unos 76 cm de largo como una “especie de estabilizador de cola”. En la parte inferior del objeto distinguió una compuerta de unos 120 centímetros de alto y 60 centímetros de ancho. También vio una escotilla que estaba abierta y por la que salía una luz blanquecina. Pero las sorpresas fueron en aumento ya que bajo el aparato pudo observar a un humanoide vestido como un militar. Él lo describe como un traje de dos piezas de color verde, incluso llevaba una gorra de baseball y una linterna en la mano. Y ahí volvemos a lo anterior cuando hablamos de los «arquetipos básicos reconocibles» por parte del testigo, porque inmediatamente se le viene a la cabeza que aquel humanoide, en ese contexto, ha tenido algún tipo de avería y está intentando reparar la aeronave.
Pero ahí no termina la extrañeza del incidente porque incluso Laxton llega a ver, en el hombro del humanoide, unas insignias que son muy parecidas a las de un Sargento Mayor del ejército norteamericano. Además, en los laterales de la nave el testigo ve letras y números. Una especie de “TL”, un 4, un 7, un 6, un 8… y en ese contexto, nada parece tener lógica. Entonces terminamos hablando del factor absurdo, de cómo en una pretendida nave extraterrestre encontramos letras, números e incluso la apariencia de su tripulante es congruente con la de un militar que lleva galones en los hombros. Para concluir la historia, el objeto despega haciendo un sonido como de taladro y se aleja a gran velocidad. Incluso un camionero da su testimonio más tarde confirmando el despegue de un extraño artefacto. Fíjate que el caso tuvo tal consideración que fue investigado por la Fuerza Aérea norteamericana y Laxton, que como dijimos trabajaba en una base en Texas, fue considerado como un testigo de alta calificación.
Dentro de la Teoría de la Distorsión, si la aplicáramos a este suceso, veríamos que el agente externo, cuando entra en comunicación, cuando sintoniza la mente del testigo, lo primero que obtiene es una ingente información de aspecto militar. El detalle de los galones nos da la pauta de que este agente externo ha extraído la imagen del subconsciente del testigo y la plasma en ese escenario que crea para la ocasión”.







Me pregunto (y le pregunto) si en algún momento estamos rozando la posibilidad de un estado alterado o alucinatorio: “Quiero dejar en claro que en ningún momento estoy hablando de alucinaciones o de problemas mentales de los testigos. Estoy hablando de que existe un agente externo que, de alguna manera, es capaz de crear esta aparición con la información que extrae del subconsciente del testigo y la plasma utilizando sus propios engranajes. El testigo en ningún momento es consciente de estar siendo la fuente de documentación para ese escenario que está presenciando con sus propios ojos”.


LA MENTE, SIEMPRE LA MENTE

Lucía Cinquepalmi, una respetada psicóloga de la Universidad Nacional de La Pampa que entrevisté alguna vez me dijo que “No somos los mismos a partir de que nos damos cuenta”. La nota venía a causa de unos supuestos casos de “visitantes de dormitorio”, bastante distintos entre sí aunque congruentes con lo que hablamos con José Antonio.
Ahora fiebre baja, estoy temblando… o quizás sea que me imagino en la piel de estas personas al momento de enfrentar lo desconocido. Sea real, sea un truco de la mente, el espanto no debe ser poco. Imagino lo que habrá sido para ellos “darse cuenta” de que algo inexplicable les había pasado, aceptar que la realidad ya nunca sería la misma. Y lo digo con mucha seriedad. No importa si sucedió o no… importa si es real para el testigo, la mella que deja el evento se hace palpable en sus accesos a la ansiedad o en esa mirada distante, la del que ya no se sorprende con nada. De cualquier manera es un trance que hay que llevar en los hombros.


Pero supongamos por un momento que contamos con todas las pruebas para asegurar que estos casos son reales y que la teoría de Caravaca es ciento por ciento acertada: ¿entonces? ¿Acaso estas entidades tienen la capacidad de abrir un puerto secreto en la mente del testigo? ¿De enchufar un cable imaginario por el que trasmiten y descargan los datos que les interesan?


“Si, yo creo que esa es la clave de este tipo de experiencias. La comunicación que se establece entre la mente del testigo y el agente externo. Evidentemente, el testigo, en el momento en el cual se está produciendo la experiencia, no puede ni siquiera imaginar que muchos de los elementos que está observando están siendo aportados por su propio subconsciente. Distorsionados, de ahí la Teoría de la Distorsión, ante sus propios ojos para que formen este episodio de supuesta visita extraterrestre. El agente externo quiere que ese sea el mensaje, es la historia inducida que quiere que creamos, como hace siglos intentaba disfrazarse de apariciones fantasmales o cualquier otro tipo de sucesos paranormales”.
Esto me recuerda a los íncubos y súcubos, a kappas y duendes, y muchas otras leyendas que, en distintas partes del planeta, se mantienen vivas con el folclore y el miedo. “Existen interesantísimos paralelismos con las investigaciones realizadas a finales del siglo XIX y principios del XX por los parapsicólogos, en todo lo referente a lo mediumico y a los contactos con el “más allá”, que tienen una semejanza extraordinaria con ciertos aspectos del fenómeno OVNI. Pero como tu bien indicabas Fernando, la comunicación, cuando el agente externo es capaz de profundizar en nuestro subconsciente, logra extraer la información”, y agrega que para exponer un ejemplo, es buena idea pensar que al agente externo es un maestro en un aula donde los testigos son los alumnos. Entonces, el agente pide que se haga una narración con tres elementos dados: un bosque, un duende y un castillo. Las bases siempre van a estar pero las historias serán indefectiblemente distintas gracias a lo que sus mentes harán con estos elementos dados. Diferentes capacidades creativas, formaciones y hasta humores pueden devenir en historias muy, demasiado dispares. Caravaca dice que este principio lo aplica a los encuentros cercanos y lo llama la “creatividad onírica”, puesto que se producen creaciones parecidas a las que experimentamos cuando dormimos, ese momento en que —siempre bajo supuestos incluso para la ciencia— se libera el subconsciente.


“Y volvemos a lo absurdo. Porque podemos imaginar que conducimos nuestro vehículo y que este tiene solamente una rueda. Durante el sueño esto nos parece una cosa absolutamente normal y solo al despertar nos damos cuenta de lo absurdo, de lo incoherente de haber conducido un coche con una sola rueda. Pues este tipo de detalles los encontramos incrustados dentro de las experiencias OVNI”, e insiste en que para cualquier investigador sería muy difícil encontrar un sentido a los detalles más bizarros del caso Laxton. Pero sucede que el testigo reúne en su mente esta información relacionada a los uniformes militares y linternas: “…por lo tanto podríamos hablar de una creación onírica, con los datos que tiene el testigo pero que son distorsionados para que el testigo no reconozca sus propios pensamientos en la interacción. De hecho es importante destacar que la participación del agente externo hace que la mente no aporte demasiado material incoherente. Porque entonces tendríamos noticias de incidentes en los que el testigo hubiera visto a su madre en los controles de un objeto volador. El agente externo, como director de la creación, establece un papel de controlador y evita todo este tipo de imágenes que se podrían producir en el caso de que la mente humana fuera la única que está creando las situaciones”.

INMERSO EN LA DISTORSIÓN Y LOS FENÓMENOS PARASITARIOS
A esta altura me queda claro que la teoría de la distorsión cumple en llenar huecos que parecían imposibles. Es una teoría elegante, en la que se propone explicar con cierta simplicidad una serie de hechos complejos y desconcertantes. Quizás, como dice José Antonio Caravaca, no aplique todos y cada uno de los casos o variantes dentro del tema OVNI —y por qué no paranormal—, pero se acerca bastante a poner el Norte en una idea más o menos general: “algo está jugando con nuestras mentes”.
Claro que para finalizar este capítulo me encantaría tener una respuesta, una pista al menos de qué es ese “algo”, pero se me hace muy complejo imaginar de que se pueda tratar. Si estuviera escribiendo un libro de ciencia ficción me tiraría por el lado de la presencia de entidades interdimensionales que, de vez en cuando, son capaces de interactuar con nuestra realidad o que nosotros mismos, ante ciertos estímulos electromagnéticos somos capaces de exponernos a esas interacciones. Como sea, necesito preguntarle a Caravaca que piensa, que considera que puedan ser estos «agentes externos».
“Es la pregunta del millón, Fernando. Pero la verdad es que este quizás sea el asunto más complejo a la hora de dilucidar que puede esconderse detrás de este tipo de manifestaciones. Ya decía al principio de nuestra charla que quizás dentro de la amplia casuística ufológica podamos tener incluso la presencia de fenómenos totalmente diferenciados, y lo que estamos intentando es arrojar luz concretamente sobre este tipo de manifestaciones que hemos observado en multitud de encuentros cercanos. A mi entender, cuando hablamos de «agente externo» nos referimos a algún tipo de entidad, de energía, que quizás tenga alguna relación con el inconsciente colectivo que tan bien definió Carl Gustav Jung. Incluso diría que podría ser un fenómeno del tipo parasitario, que necesita la interacción, esa comunicación de la que hablábamos entre la mente de los testigos y este operador, que necesita la creación de estas vivencias”.

Lo escucho y pienso en cuantas veces necesitamos de alguien más para sentirnos mejor, entonces recuerdo que tengo fiebre y vuelvo a la cama. Me pregunto si algo, ahí afuera, necesita de nosotros para cumplir con un fin esquivo, o simplemente divertirse un rato. Lo medito, lo doy vuelta, pero solo queda esa sensación brumosa de la Distorsión.


Fernando Silva Hildebrandt
-------------------------------------------------------
Para más contenidos de José Antonio Caravaca:
*Teoría de la Distorsión (blog): http://caravaca101.blogspot.com.es/
*Esos misteriosos objetos celestes y sus tripulantes (blog): http://caravaca.blogspot.com.ar/

domingo, 27 de abril de 2014

"Desacreditación y conspiraciones, otra mirada a una realidad esquiva", con Joaquín Abenza



La realidad es un concepto y los conceptos una representación de la realidad. Por eso, al leer y encontrar algunas noticias en la red de redes, no puedo evitar preguntarme ¿Qué es lo que realmente sucede aquí?

No es extraño encontrarse con absolutos desconocidos que claman tener información de primera mano de… absolutamente todo. Desde bandas de rock hasta bancos internacionales, en todos los ambientes parece haber gente dispuesta a filtrar información “desconocida” por las masas. En la mayoría de los casos, estos datos son fraudulentos, meros intentos por llamar la atención con un supuesto acceso a realidades paralelas. Y no es nada nuevo, el “iluminado” es aquel que conoce algo oscuro, que es consciente de cosas que son vedadas para la mayoría, y es una figura que se repite a través de los siglos en la historia del hombre. En tiempos en que la comunicación era tan difícil como la Edad Media —o incluso el siglo XIX—, uno podía darse el lujo de inventar alguna historia lo bastante convincente y disfrutar de las miradas de asombro y respeto. Uno esperaría que hoy eso no suceda, pero resulta que la hipercomunicación no ayuda a aclarar nada. Pero no vamos a repasar historia, al menos no por hoy.


Lo que me sorprende es encontrar que figuras de gran impacto en los medios internacionales hablan de cuestiones, al menos, estrafalarias. Que uno de los primeros hombres en pisar nuestra luna hable de vida extraterrestre es comprensible y uno puede imaginar —sin mucho esfuerzo— que Edgar Mitchell sabe de lo que habla cuando jura y perjura que: “Soy uno de los pocos que ha tenido el privilegio de estar dentro del asunto y estar enterado sobre el hecho de que hemos sido visitados en este planeta y que el fenómeno OVNI es real, a pesar que esto haya sido encubierto por nuestro gobierno por largo tiempo”.


Pero es distinto cuando una ex jurista del Banco Mundial, denunciante de gravísimos hechos de corrupción, sale a decir que sociedades secretas de “homínidos no humanos con cráneos gigantescos” controlan el destino de nuestro planeta o cuando un ex ministro de defensa de un país de miembro de la OTAN asegura que todo el tema del Majestic 12 no solo es real, sino que debemos agradecer a extraterrestres muchos de los avances de la ciencia en los últimos años.


Las declaraciones:
Karen Hudes, es ex jurista del banco mundial y denunció hace unos meses un complejo sistema de corrupción con tintes de conspiración en la economía mundial. “Los poderes del capitalismo financiero tenían un objetivo de largo alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo en su conjunto”, dijo a The New American, en una nota donde agregó que estaba lista para denunciar al Banco Mundial por hechos de corrupción.


Esta postura, al menos explosiva, llevó a muchos de los paladines de la verdad a destacar la valentía de Hudes y su compromiso con el deber público de las instituciones. Sin embargo, muchos de los que la defendieran buscan hoy separarse de sus cavilaciones gracias al hecho de encontrar sus más recientes declaraciones como “disparatadas y fuera de contexto”.


La misma Hudes, en comunicación con Red Ice Radio, aseguró estar tras la pista de unos seres homínidos que controlarían el poder mundial desde “la última glaciación”. Desde su punto de vista es notoria la presencia de estos conspiradores “no humanos” detrás de los planes de dominio económico mundial: “La teoría tiene que ver con que si miras las fotos de las esculturas de Akenatón, si miras a sus hijas, verás que ellos tenían unos enormes sombreros y eso era para ocultar sus cráneos, gigantescos. Son homínidos, pero no son seres humanos. Son muy inteligentes aunque no creativos, son matemáticos. Acumularon poder en principios de la edad de hielo y una de las cosas que dice este científico, que se llama Eduard Spencer, es que muchos museos tienen guardadas algunas de estas calaveras de cráneo alargado, a las que llaman “cabeza de cono” en tono de broma. Algunos dicen que hay más de una especie. Pueden reproducirse al copular con mujeres humanas, pero sus hijos son estériles. Por eso no vemos más de estos homínidos por ahí”.




Karen no se queda ahí, como dije, asegura estar llevando adelante una investigación respecto a estos supuestos seres: “Compartí esta información con un hombre de Portugal  que tuvo una reunión con un banco. Él nos envió un e-mail al otro día y nos contó que había una persona con una cabeza enorme y grandes ojos azules en la reunión. Parece que ahora estos homínidos se muestran deliberadamente”.


Al mismo tiempo, Paul Hellyer, ex Ministro de Defensa de Canadá, país miembro nada menos que de la OTAN, asegura que “La realidad es que ellos (los alienígenas) han visitado la Tierra por décadas y milenios, contribuyendo considerablemente al conocimiento humano”. Sus declaraciones han calado profundo en el nervio conspiranoico mundial y no es para menos. En una conferencia reciente, Heyller decía: “Hace décadas, visitantes de otros planetas nos advirtieron hacia donde nos dirigíamos y ofrecieron su ayuda pero, en cambio, algunos de nosotros interpretamos las visitas como una amenaza y decidimos disparar primero antes de preguntar. Ellos, los militares, deben haber estado tan paranoicos que sintieron la necesidad de usar su tecnología para combatirlos, en vez de darles la bienvenida como socios para el desarrollo”.




La vuelta de tuerca de Joaquín Abenza:

Joaquín Abenza no solo es un gran investigador y comunicador, tiene un detalle que a mi parecer lo hace brillante: es tremendamente analítico con lo que se le presenta. Mientras realizaba la producción de esta nota, que fue presentada en Puente 2001 unas semanas atrás, le pregunté a Joaquín por su opinión. Lejos de subirse al tren de los “misterios revelados” por grandes personalidades, Abenza encuentra en estos dichos una interesantísima conexión con la manipulación mental y la desacreditación:


“No sé si soy mal pensado pero yo creo que este tipo de declaraciones, lo que consiguen rápidamente es que esta persona pierda toda la credibilidad de lo que ha hecho anteriormente. Entonces, si tú quieres hoy en día “llevar a una hoguera” y desacreditar a alguien, la mejor manera es que esta persona cuente públicamente alguna de estas cosas. A partir de ese momento la mayoría de la gente deja de creer en sus testimonios y todo lo que hace con posterioridad queda en tela de juicio. Yo creo que o son obligados a decirlo, o son manipulados para decirlo… o no sé de qué manera consiguen que hagan estas declaraciones, pero en el momento que lo dicen la mayor parte de la gente deja de creer en ellos. Por supuesto, los fanáticos van a creer al pie de la letra y van a reforzar que los que no son fanáticos no se lo crean, que es lo que se persigue por parte de los poderes establecidos”. Dice Joaquín y se le nota la fascinación en la voz. También se hace evidente que se ha sentado a reflexionar sobre estos temas más de una vez cuando agrega que: “Yo creo que es muy fácil manipular a las masas y a los individuos. Yo creo que es muy sencillo y no hace falta tampoco ningún misterio, simplemente es cuestión de conocer bien la psiquis humana, de saber cómo llevar a la gente a hacia los entornos donde puede caer rendido en la voluntad del que los lleva y pienso que tenemos muchísimos ejemplos. Fijate como un señor que en principio parecía que no era demasiado atractivo para llevar a nadie a ningún sitio, llevó al pueblo alemán, un pueblo culto e inteligente donde los haya, a una cruzada demencial, estoy hablando de Adolf Hitler. Y si esto ha pasado en la historia con pueblos tan cultos, por qué no puede ocurrir con personas con menos capacidad, o con pueblos con menos cultura. Entonces para mí, el hecho de que se manipule no es algo nuevo, se está manipulando hace mucho tiempo, con programas de televisión, con temas deportivos, con temas —por supuesto— políticos y creo que mucha gente, desgraciadamente, entra y se deja llevar. Esto, las grandes compañías internacionales lo están haciendo hace mucho tiempo, quizás por razones comerciales, y otras no tan confesables. Yo estoy convencido de que hace tiempo que nos están manipulando y creo que lo difícil es quedarse aislado, porque aunque creamos que lo estamos, es muy difícil mantenerse al margen de todo. De alguna manera, algunas veces nos manipulan a los que creemos que no estamos manipulados”.


Le digo a Joaquín que me molesta que, muchas veces, el tema elegido está relacionado a la existencia de visitantes del espacio exterior. Que de existir un listado de tema "potables para la desacreditación", es este uno de los más aceptados.


"También es verdad que si una de estas personas contase que una civilización extraterrestre ha venido y que de alguna manera ha habido algún contacto con una cierta lógica y demás, pues que seguiría sin creérselo la mayoría de las personas pero tampoco se les rechazaría tan de raíz como cuando cuentan las cosas tan estrafalarias que normalmente suelen contar. Es que no me creo que una civilización extraterrestre tenga que ponerse en contacto con los Gobiernos del mundo para secuestrar personas. Es un absurdo, porque si quieren lo hacen, sin necesidad de pedirle permiso a nadie. No creo que ese tipo de tipología tan estrafalaria se presente de esa forma y la verdad es que no es tanto el mensaje sino la estética del mensaje. Yo creo que lo que cuentan estas personas acerca de lo que hacen o como son estos seres, pues hace que se pierda totalmente la credibilidad en la historia. Si alguien cuenta que ha visto bajar una nave, o un artilugio, y que de este ha bajado un ser con una escafandra, o lo que sea... pues que yo creo que alguien le va a creer, quizás no la mayoría, pero alguien va a decir «¿porqué no?». Pero claro, si te dicen que hay como una especie de contubernio con los Gobiernos del mundo para que a cambio de seres humanos nos den tecnología... yo no me lo acabo de creer y veo que se hace con esa intención, de desacreditar. Sobre todo porque quien termina diciendo algo de esto es alguien que antes dijo antes que podía ser interesante, y por ahí yo creo que viene cierta manipulación y que se consigue ciertamente ese efecto, y es que cualquiera que advirtiera al resto de la humanidad que estamos siendo manipulados termina siendo dejado en entredicho mediante una manipulación que le lleva a decir cosas absolutamente absurdas".

Complejo, muy complejo:
Alguna vez me enteré que no hay mejor manera de esconder una verdad que entre dos mentiras. La manipulación, sea a favor de quien sea, es moneda corriente y no hace falta más que comprar un matutino cualquiera para notar como se destacan algunas noticias sobre otras, dependiendo los intereses que se jueguen en medio. Así, las declaraciones de Hude y Heyller bien podrían ser una realidad indiscutible o el fruto de un sistema de desacreditación aceitado por siglos del estudio de la psiquis y los resultados de esto en la mal llamada “opinión pública” (quizás uno de los tipos más efectivos de manipulación).
Me pregunto, de nuevo, de qué va todo esto, pero sobre todo A FAVOR DE QUIÉN ESTAMOS JUGANDO. Es que me quedó frase de Joaquín dando vueltas y, debo decirlo: me ha quitado el sueño un par de noches: “De alguna manera, algunas veces nos manipulan a los que creemos que no estamos manipulados”.


Fernando Silva Hildebrandt

------------------------------------------------------------------------ 

Para más contenidos de Joaquín Abenza: http://www.joaquinabenza.com/

Fuentes: Karen Hudes en The New American: http://www.thenewamerican.com/economy/economics/item/15473-world-bank-insider-blows-whistle-on-corruption-federal-reserve
Karen Hudes en Red Ice: https://www.youtube.com/watch?v=3cIDKZkLY7c
Paul Heyller declaraciones:  https://www.youtube.com/watch?v=wrJiCKj3BsE

jueves, 27 de febrero de 2014

El camino (a modo de presentación)

No voy a citar a nadie. No porque crea innecesario mirar lo que otros hicieron o porque piense que tengo respuestas y reflexiones a todos los misterios que —de una u otra manera— me quitan el sueño. El tema es que aquí hablaremos de otras realidades y, en rigor, existe una diferente por cada uno de nosotros.

Miles de millones de realidades, de percepciones, de maneras de ver el mundo. Todas las vidas tamizadas por la interpretación de los estímulos que llegan desde el medio y que son canalizados en forma de impulsos eléctricos, que hacen verdaderas chispas en nuestros cerebros de simios listos y lampiños.

Claro que, de vez en cuando, sucede que esos estímulos hablan de hechos que no tienen nada que ver con lo que esperamos encontrar en la vida cotidiana. Luces inexplicables en el cielo, entidades más o menos comunicativas, más o menos estrafalarias, interferencias telefónicas y hasta desfasajes de espacio y tiempo juegan con nosotros… o simplemente interactúan por accidente, sin preocuparse o interesarse por lo que pensemos.

Es el borde, la frontera de la intimidad. Estos casos adversos a la lógica, inconclusos por definición, nos invaden en la ruta y en la cama; dejan marcas que escapan a todo análisis de las formas y motivos.

En esta primera entrega hablaré entonces de la carga que llevo en las espaldas, por eso la falta de referencias a otras personas que, como yo (y mucho mejor quizás), se han adentrado en el mundo de lo que preferimos olvidar por no poder encontrarle “la vuelta”. Además, no sería sincero ni sano negar mi procedencia y con ello sacar de contexto la búsqueda que, algunos dicen, es lo que nos define.

Las historias sobre OVNIs y apariciones poblaron mi infancia, junto a las novelas de Julio Verne y Stevenson, generando un universo poblado por extraterrestres, piratas, lobos, astronautas rudimentarios y cierta sensación constante de magia, que con el tiempo fue mutando en incógnitas y —más tarde— una postura literaria de novelista de ficción y misterio, de la mano con un sano escepticismo, de ese que lo obliga a uno a buscar respuestas y dar un paso más, siempre un paso más.

Mi padre y mi madre vivieron casos OVNI de alta extrañeza en los años de marcianos industriosos, allá por los 70’s. Uno incluye el primer registro de una mutilación de ganado en Argentina (sino Sudamérica), misma que se relaciona con un claro evento de Encuentro Cercano del tercer Tipo. El otro habla de un “objeto de forma indefinida, como la bruma”, plantado sobre la camioneta que manejaba, también, mi padre. Todo esto se narraba con tono anecdótico en cenas familiares, en reuniones donde se compartía mate o café, pero nadie nunca decidió investigar demasiado. Quizás, algunos de nosotros, tenemos suficiente con saber que existen cosas (si, cosas) que escapan a toda explicación que podamos inventar con las herramientas que tenemos a la mano.

Mi búsqueda pasa quizás por las herramientas, y por tenerlas a la mano. En los años de auge OVNI y paranormal (al menos desde el punto de vista mediático), se hicieron grandes avances de la mano de incansables investigadores que recorrieron millones de kilómetros tras una verdad, al menos, esquiva.  Muchos de esos hombres y mujeres siguen hoy en día buscando profundizar en lo que también les quita el sueño y algunos me han abierto las puertas de sus casas físicas y virtuales, permitiendo que este humilde curioso tenga la posibilidad de asomarse y vivir parte del fantástico mundo de realidades que les rodean. Estoy y estaré eternamente agradecido por ello pero, como un extra en el combo, han logrado infectarme con esa espora maldita y bendita que es la obsesión por dar los pasos que no se dieron todavía. Seguro tenga que ver eso de que ya viniera dando tumbos por el camino, pero no puedo más que agradecer el honor de la confianza y cierto aire de apadrinamiento.

Como decía, mi búsqueda pasa por las herramientas, por encontrar puertas donde antes se levantaban murallas, esas que tanto dieron de comer a los astutos de siempre, que no pierden oportunidad en vender cuentos chinos (si, de esos que se gritan desde lo alto de la Gran Muralla). Por eso me acerco sin dudas a la ciencia. Consulto, insisto, contacto y busco entre las personas que tienen esas herramientas para ver cómo podemos hermanar lo que antaño parecía imposible.

Es que el panorama cambió demasiado. Nunca olvido que en la misma época en que los investigadores clásicos buscaban extraterrestres en La Tierra, a este servidor le explicaban en el colegio primario que solo había agua en nuestro planeta. ¡Todo un universo por ser descubierto y el agua era un recurso exclusivo de la bolita celeste! Hoy, tenemos agua confirmada en la Luna, en Marte, Europa, Encelado y en casi todo cuerpo celeste que se pueda analizar con aparatos científicos. Hoy, no es descabellado pensar que en los mares de Europa o Titán (tan distintos y tan fascinantes) bien puede existir vida microscópica. Si sumamos los avances (muchas veces desconcertantes) en materia de mecánica cuántica, con experimentos confirmados de retroceso del tiempo o científicos que corroboran que acceder a “otra dimensión” es algo tan simple como ponerse un par de gafas polarizadas y ver lo que pasa… y ni hablar de la astrobiología y sus avances firmes sobre la panspermia y la búsqueda de vida extraterrena, pero también en el nuevo campo de la “biología de las sombras”, o la genética y sus constantes replanteos acerca de casi todo lo que podemos comprender… entonces, lo que queda es intentar ver el todo y dar rienda suelta al pregunterío periodístico, a la investigación en aras de resolver, quizás, un mínimo porcentaje de los enigmas que nos acechan y marean hace ya demasiado tiempo.

Claro que a esta altura me cuesta hablar de OVNIs, seres dimensionales, entidades energéticas o extraterrestres. Quizás el paso siguiente venga de la mano de la eliminación de etiquetas, despojar un poco el campo de los dogmas y soltarnos con un yunque a tratar de planear en lo desconocido. Al fin y al cabo, esa es la magia del misterio, la misma que motiva a investigadores de campo y a científicos. ¿Seremos capaces de evitar el golpe? ¿De proponer teorías descabelladas y encontrar el sustento como para planear hasta algún punto donde la sabiduría popular y la ciencia se pongan de acuerdo en estos temas tan escabrosos?

Por eso propongo pensar más que creer. Todos creemos en algo y de alguna manera nos sirve para superar los grandes-pequeños dilemas cotidianos. Pero a la hora de buscar respuestas para los misterios más crípticos de la humanidad es necesario sacarse de encima la necesidad de incursionar en el realismo mágico y comprender que necesitamos pensar lo real como parte del dilema de encontrar, incluso, quienes somos, para que estamos aquí o si es que Dios y la ciencia son hijos de la misma conciencia.

Precisamos ejercitarnos en abrir la mente, siendo críticos al mismo tiempo. Sea desde la investigación de campo y la recopilación de datos o desde el laboratorio. En todos los casos encuentro indispensable poner una pizca de ilusión y una tonelada de seriedad para abordar lo que uno comprende que es necesario comprobar o refutar. Sin etiquetas, sin mirarnos de reojo, porque la complejidad de lo que existe es mucho más vasta de lo que se puede comprender.

¿Acaso pensaste alguna vez en como representarte mil millones de kilómetros? Uno puede imaginar como lucen diez, cien… mil kilómetros si se hace un esfuerzo mental mezclando imágenes de lugares visitados con recuerdos cartográficos medio borrosos. ¿Pero mil millones? ¿Y que tal esas esquivas propiedades de los neutrinos? ¿Y que me decís de la tremenda velocidad de la luz? ¿Acaso llegamos a comprender de que hablamos cuando nombramos esos conceptos como loros en una charla casual con el almacenero?

Hay que rendirse, dejarse caer y comenzar de nuevo. Usar al pasado como un aprendizaje y pensar en el futuro como lo que es: algo deforme e incierto aunque fascinante.  Siempre, con los ojos bien abiertos para captar la sensibilidad humana y las manos dispuestas para adoptar las herramientas de la ciencia. Se me ocurre que —quizás— a mitad de camino encontraremos la primera certeza.

Lo único que tengo son preguntas y todo lo que necesito son respuestas.

Bienvenid@s al blog.

EPICERO